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El Femenicidio en México

EL FEMENICIDIO EN MÉXICO

 En México se registran diariamente homicidios contra mujeres. De 1985 a 2013, se registraron 44.646 muertes femeninas que, de acuerdo con su certificado de defunción, habrían sido víctimas de Feminicidio. ¿Qué debe hacerse para poner fin a este delito de odio del hombre hacia la mujer por razón de su género?

En México persiste y crece el femenicidio, aunque nuestro país no ha sido indiferente a los problemas de violencia que sufre la mujer. Empezó realizando varios esfuerzos: tuvo un logro importante el 1 de Febrero de 2007, cuando en el Diario Oficial de la Federación se publicó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en la que se reconocían los derechos de las mujeres; el principal: vivir una vida libre de violencia. Pero ¿Cómo lograr ese objetivo en un país como México que experimenta una grave crisis de violencia generalizada? Primero, reconociendo el problema,  estableciendo, estableciendo leyes que sancionen ese flagelo, que alcanza, como su más cruel consecuencia, el homicidio violento de la mujer, sólo por su condición de género.

Pues bien, el artículo 21 de esta ley señala que la violencia femenicida es “la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y pueden culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

El femenicidio es resultado de la violencia extrema hacia la mujer por el hombre. Es un delito de odio del hombre hacia la mujer  por razón de su género. Por ese motivo no es sólo un homicidio simple. El origen del término femenicidio la encontramos en 1967, cuando Diana Russell lo define como “el asesinato de mujeres por los hombres porque son mujeres.

La violencia contra las mujeres es social y generalizada, consecuencia de las razones de inequidad que de ninguna manera es “natural y que genera en un contexto social permisible. En México, el femenicidio ha sido abordado por Julia Monárrez Fragoso quien, retomando el marco teórico propuesto por Diana Russell, afirma que es el resultado: de la relación inequitativa entre los géneros; de la estructura de poder y control que tienen los hombres sobre niñas y mujeres, lo que les permite disponer de sus vidas y sus cuerpos, decidiendo ellos el momento de su muerte; de los motivos a los que se ejercen en el cuerpo de la víctima y el victimario; de los cambios estructurales que se dan en la sociedad; de la falta de investigación y procuración de justicia por parte de los aparatos de impartición de justicia; todo lo cual implica responsabilidad del Estado.

El femenicidio tiene su origen en los crímenes pasionales, que el hombre siempre ha tratado de justificar, llamándolos delitos pasionales, porque se cometen en nombre del supuesto amor-pasión del hombre hacia la mujer. Ya César Lombroso, en su clasificación de los delincuentes, en su obra L´uomo, hablaba del delincuente pasional. “Sujeto noble, diplomático, honrado, famoso; se casó con una mujer de la vida alegre de quien se enamora perdidamente, ella lo engaña, él la descubre prostituyéndose, la mata, trata de suicidarse, él logra rehacer su vida, se casa, tiene hijos, pero 20 años después confiesa que sigue amándola [a la mujer que mató] y se suicida”. Lambroso explica que el móvil del delincuante pasional es siempre inmediato y que se basa en una pasión “noble”. Esto es lógico, pues hay pasiones nobles” que justifiquen privar de la vida con violencia a una mujer en nombre del amor. El amor no mata, no daña, el odio, por el contario, sí que destruye.

El hombre siempre ha tratado de encontrar una justificación a su conducta violenta contra la mujer, aduciendo discriminatoriamente que es la responsabilidad de ella la violencia que se descarga en su contra, por su carácter, por su vestimenta (escotes o minifaldas), por su trabajo en lugares de mala reputación como bailarinas, meseras, hostess, e incluso  por su forma de hablar. Y es muy común la frase: “Ella me provocó” para justificar la agresión.

El 26 de julio de 2011 se publicó en la Gaceta del Distrito Federal la reforma al artículo 148 bis del Código Penal del Distrito Federal, que introduce el término Femenicidio y establece el tipo penal y la sanción correspondiente.

Sólo tres días después ocurrió  el primer caso de femenicidio en el Distrito Federal. La Procuraduría General de la Justicia del Distrito Federal, (PGJDF) consignó a Daniel Efraín Ruíz Mosqueira, de 29 años de edad, quien abusó sexualmente de una menor de ocho años, de nombre Tiffany, y luego la privó de la vida en la delegación Gustavo A. Madero. Ruiz Mosqueira declaró que cuando llegó a su casa, donde estaban la niña y su hermano, observó la pequeña comiéndose las uñas de la mano, por lo que la regaño, la golpeó con el puño en el estomago y, cuando estaba en el suelo, la pateó. Cuando Semiramis Rodríguez Calderón vio a su hija herida, intentó bañarla y llamó a su suegra de nombre Sonia para que la ayudara. La madre de Ruiz Mosqueira notó que la menor había muerto. Las tres personas acordaron un plan para evitar ser inculpadas: acudieron al Centro de atención para personas Extraviadas o Ausentes (Capea) y reportaron  a la menor como la desaparecida. Durante la madrugada envolvieron el cadáver con una cobija y la abandonaron en un camellón de la colonia Cerro Prieto, en la Delegación Gustavo A. Madero. Al día siguiente, policías locales encontraron el cuerpo que, según los exámenes del medio forense, registraba lesiones producidas antes y después de la muerte, así como heridas genitales que revelaban violencia sexual. El Ministerio Público llamó a la pareja para que identificar el cadáver. Durante el encuentro con las autoridades ésta mostró nerviosismo y contradicciones sobre la supuesta desaparición de la niña, según la PGJDF. Tras ser cuestionados Ruiz Mosqueira y Rodríguez Calderón aceptaron su responsabilidad en el homicidio de la menor.

Entre el primer caso de feminicidio infantil agravado en el Distrito Federal fue fundamental para la justicia capitalina, ya que si bien es cierto que la vida de la pequeña Tiffany  no se repondrá con nada, se logró la mayor de las penas impuestas el femenicida: 60 años de prisión, según el artículo 148 bis del Código Penal del Distrito Federal.

La justicia no ha alcanzado a todos los casos de femenicidio, ya que son en ocasiones los estados de la República no clasifican los homicidios contra las mujeres como femenicidios: no se ponen de acuerdo en el tipo. El “Estudio de implementación del tipo penal de femenicidio en México: causas y consecuencias 2012-2013”, realizado por el Observatorio Ciudadano Nacional contra el Femenicidio, señala que todos los estados han tipificado el Feminicidio, excepto Chihuahua. “Sin embargo, al momento de su implementación no logran hacerlo de manera efectiva debido a que existen dificultades para la comprensión de las características de los delitos por parte de los operadores de procuración y administración de justicia”.

Aún así, el 14 de junio de 2012, México dio otro gran paso para contrarrestar la violencia extrema contra la mujer al promulgarse en el Diario Oficial de la Federación las reformas al Código Penal Federal, aprobadas por el Congreso, que convirtieron el femenicidio en un delito federal. El artículo 325 del Código Penal Federal, establece: “Comete el delito de femenicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”; no obstante, la Organización Nacional de las Naciones Unidas (ONU) recientemente dio a conocer que en México se registran diariamente siete homicidios contra mujeres, en promedio, según datos de la Secretaría  de Salud y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. La representación de la ONU alertó que sólo en 2013 unas 2,502 mujeres perdieron la vida. Según esos datos, de 1985 a 2013 en México se registraron 44, 646 muertes femeninas que, de acuerdo con su certificado de defunción, habrían sido víctimas de femenicidio.

Así observamos casos como el de la psicologa y también edecán Carmen Yarira Esperanza Noriega, quien tenía 27 años de edad cuando desapareció, el 18 de febrero de 2014, en la ciudad de México. Sus familiares se abarcaron a su búsqueda y presentaron una denuncia ante la PGJDF. El 23 de diciembre de 2014 su cuerpo fue localizado en la cisterna del edificio donde vivía.

“Yaris”, como la llamaban sus amigos, estaban ahí, flotando; su cuerpo presentaba un alto grado de putrefacción. El Ministerio Público tomó conocimiento de los hechos y envío el cadáver al Instituto de Ciencias Forenses para conocer las casusas de su muerte. Por medio de la necropsia fue plenamente identificada gracias a sus implantes en busto y cadera, así como a la cirugía que se había hecho en la nariz.

Los estudios que se realizaron también revelaron que murió por estrangulamiento, pero del homicida y del móvil del crimen no se sabe nada.

Por los signos de violencia que se encontraron en el cuerpo de Yaris al parecer estamos frente a un femenicidio más de los que lamentablemente ocurren a diario. Lo más grave es que estas desapariciones y estos asesinatos no se investigan, porque, ¿Cómo es posible que el cuerpo de Yaris haya sido encontrado por casualidad y no como consecuencia de una investigación en el lugar de los hechos?

La falta de apego a un protocolo de diligencias en el caso de los femenicidios, que den resultados inmediatos, da cuenta de que la violencia contra mujeres y niñas sigue siendo el gran reto de los derechos humanos en México.

De las ocho metas del Milenio establecidas por la UNO, la número tres se refiere a “promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer”. Y abunda: “Para las adolescentes de algunas regiones, hacer realidad el derecho de la educación sigue siendo una meta difícil de alcanzar. La pobreza es un importante obstáculo para la educación, especialmente entre las niñas de mayor edad. A las mujeres se les suele relegar a las formas de empleo más vulnerables. Gran cantidad de mujeres trabajan en empleos informales, con la consiguiente falta de prestaciones y seguridad laboral. Los puestos en los niveles más altos siguen obteniéndolos los hombres; la diferencia es abrumadora. Las mujeres están accediendo lentamente al poder político, pero por lo general gracias a cuotas y otras medidas especiales”.

El actual gobierno se ha puesto a trabajar en el abatimiento de la inequidad de género y ha tomado su misión de manera seria y puntual, como consta en las tres estrategias transversales de Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018. Por ejemplo, en el inciso III, “Perspectiva de género”; el considera fundamental garantizar la igualdad sustantiva de oportunidades entre mujeres y hombres en este gobierno. “Como principio esencial contempla la necesidad de realizar acciones especiales orientadas a garantizar los derechos de las mujeres y evitar que las diferencias de género sean causa de desigualdad, exclusión o discriminación”. Estas medidas forzosamente tienen que enfocarse a la prevención y a la educación.

Los seres humanos están en evolución constante, por los conocimientos que adquieren a través de sus vivencias, pero principalmente por medio de la educación a la que tienen acceso, educación que es resultado de las condiciones culturales, sociales y económicas de los pueblos, y de normas que fomentan la inequidad de género, donde las mujeres no tienen las mismas oportunidades de educación que los hombres, lo que hace que la primera sea sometida por el segundo en la vida diaria tanto en el ámbito público como en el privado.

Las causas por las que se produce el femenicidio son varias, pero principalmente tiene que ver con la inequidad de género que se presenta por razones sociales, económicas, culturales y, sobre todo, educativas. La falta de educación para la mujer no sólo propicia que ésta no puede acceder a mejores oportunidades laborales, sino al conocimiento que le puede proveer la libertad emocional y económica respecto del hombre.

Para prevenir la violencia contra la mujer podemos tomar como referencia al violentómetro que publicó el Instituto Politécnico Nacional en el 2009, resultado del estudio en el que participaron 14,000 jóvenes de 15 a 25 años de edad, y en el que se establecieron las conductas positivas y negativas de las relaciones de pareja: “COMUNICACIÓN ASERTIVA: buenas sonrisas, empatía, respeto, transparencia, tolerancia, conciliación, instrucciones claras, compañerismo, compromiso, bromas; TEN CUIDADO, LA VIOLENCIA AUMENTARÁ: bromas hirientes, chantajes, mentir/engañar, ignorar/ley del hielo, celar, culpabilizar, descalificar, ridiculizar/ofender, humillar en público, intimidar/amenazar; REACCIONA, NO TE DEJES DESTRUIR: controlar/prohibir (amistades, familiares, dinero, lugares, vestimenta, apariencia, actividades, correos electrónicos, celulares, etcétera), destruir artículos personales, manosear, hacer caricias agresivas, golpear “juzgando”, pellizcar/arañar, empujar/jalonear, cachetear, patear; NECESITAS AYUDA PROFESIONAL: encerrar/aislar; amenazar con objetos o armas, amenazar de muerte, forzar una relación sexual, llegar al abuso sexual, violar, matar, asesinar”.

La educación no sólo trae como consecuencia el despertar de la conciencia de la mujer como persona que tiene derechos humanos y merece no ser tratada con violencia, sino que va mucho más allá.

Apostemos por la educación: cuando una mujer posee una educación que le permite tener acceso al mercado laboral, mediante un salario, no sólo tiene una mejor oportunidad de sobrevivencia, pues “educar a las niñas es inteligente para todos”; así lo establece el estudio” que asevera que de los 130 millones de jóvenes sin escuela en el mundo 70 por ciento son mujeres, y que cuando las niñas van a la escuela y se convierten en mujeres 90 por ciento de sus ingresos lo invierten en sus familias, en comparación con los hombres, quienes de sus ingresos sólo invierten de 30 a 40 por ciento de las niñas va a la escuela el producto interno bruto de un país se incrementa en promedio 3 por ciento, lo que nos lleva a la conclusión de que las mujeres tienen la oportunidad de romper el ciclo de pobreza en generación.

Ésta es una de las muchas respuestas preventivas que hay que promover para acabar con el femenicidio en México, ya que hacerlo proporcionaría una solución a dos grandes problemas: la violencia contra la mujer y la pobreza.

Olvera Lezama, Blanca Ivonne. (2015,abril). El femenidicio en México. El Mundo del Abogado. ; 16 (192) ; 51-54

 

 

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