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Análisis de la práctica y la formación docente

Durante el curso de las lecturas se ha promovido un análisis interesante y reflexivo sobre la práctica y la formación docente; se han revisado a distintos autores y se ha visto el panorama desde diferentes enfoques y el que más ha cautivado mi atención es la práctica de la reflexión en el ejercicio docente.
La educación siempre ha sido un tema apasionante por todos los elementos que involucra y la trascendencia que tiene. Educar es transformar y el proceso de transformación abarca al educador y al educando. El reto es hacer este proceso consciente, útil y productivo.

El hacer pedagógico evoluciona constantemente buscando alternativas más eficaces que permitan un mayor acercamiento entre docente y alumno; en donde ambos puedan desarrollarse como personas más completas a través de la generación del conocimiento.

Han sido muchas las corrientes filosóficas que han permeado las estrategias pedagógicas a lo largo de los años en busca de una mejor comprensión y una estructuración exitosa del proceso enseñanza-aprendizaje; las etapas por las que ha atravesado la docencia desde que se conformó como profesión han sido múltiples y revisando la historia se pueden observar cómo estas etapas han influido hasta llegar al momento presente.

La presencia de diferentes actores principales en el proceso mismo, que han dedicado su vida a la comprensión, estructuración, y desarrollo de la metodología y estrategias dentro del entorno educativo ha sido determinante en la generación de cambios del rumbo dentro de las teorías del conocimiento.

El entorno educativo está cambiando y en el proceso van surgiendo necesidades y generándose demandas de acuerdo a lo que la sociedad requiere; al respecto García (2002) menciona que se está demandando un profesor entendido como un “trabajador del conocimiento”, diseñador de ambientes de aprendizaje, con capacidad para rentabilizar los diferentes espacios en donde se produce el conocimiento. Esta ideareafirma la creciente necesidad de un cambio en los paradigmas educativos en donde el rol del docente adquiere un nuevo matiz al involucrar la práctica reflexiva como pilar de su ejecución y como herramienta para rediseñar su quehacer pedagógico.

Un educador con consciencia de trascendencia y responsabilidad de su ser y hacer es imprescindible si se pretende promover una cultura educativa diferente a la existente. Si se buscan resultados diferentes, las estrategias tienen que serlo también y conjuntarse en un punto en donde surja el cambio con significado. Los cómos deben tener su origen en análisis profundos surgidos de las reflexiones de los autores principales: los docentes.

Partir de la base de que los cambios deben surgir del docente mismo, implica una involucración en todos los niveles del proceso enseñanza-aprendizaje; esto debe tomarse en cuenta ya que no es posible lograr un cambio profundo y permanente sin la involucración total de profesor debido al impacto que éste tiene en el entorno en donde se encuentra inserto.

La identidad del profesor impacta profundamente a los alumnos debido a su triple condición: como funcionario público, como profesional poseedor de un saber y como intelectual(Torres, 2010). No es novedad que al maestro se le conceda una autoridad y un poder debido al estatus que representa pues se convierte en una figura que representa sabiduría. Un docente consciente del papel que ejerce y de la influencia que tiene en los alumnos deberá buscar alternativas para realizar su trabajo de la mejor manera posible promoviendo a su vez educandos capaces de generar conocimiento que se convertirán en profesionistas útiles a la sociedad.

Para identificar los elementos que construyen la práctica reflexiva es pertinente considerar las singulares aportaciones de Emmanuel Kant, John Dewey y Paulo Freire, sobre todo en la construcción del concepto de reflexión docente (Torres, 2010).Revisar la literatura y lo que diferentes autores han escrito al respecto permite tener una idea acerca de la importancia del concepto que, aunque al parecer es una perspectiva novedosa, ya se tenía en consideración desde hace mucho tiempo.

Pujolá (2008) habla sobre el trabajo realizado por Schön en 1983 quien distingue la “reflexión en la acción” de la “reflexión sobre la acción”. En la primera el profesor se centra en las situaciones que surgen en el aula mientras está enseñando; en la segunda, el docente analiza a posteriori lo acontecido en el salón de clase para comprender la complejidad del proceso de enseñanza. Estas dos dimensiones de la reflexión permiten al educador estar en constante auto observación y en un análisis permanente que sin duda brindará frutos en la generación del conocimiento. Implica también una actitud abierta y de humildad para poder reconocer limitaciones y buscar áreas de oportunidad como profesor al frente de un grupo, virtudes que no todos los maestros poseen.

La reflexión sobre la práctica y la adopción de una posición abierta, analítica y flexible ante la misma es indispensable para el docente que está comprometido con su ser y hacer frente a los alumnos.López (2010) dice al respecto que el cambioeducativo es posible cuando el profesor cuestiona de manera propositiva su práctica pedagógica a través de la investigación. En este punto es importante mencionar la diferencia entre crítica y cuestionamiento, ya que mientras la crítica tiene matices que generan tensión al relacionarse con los juicios de bueno o malo; el cuestionamiento tiene que ver con el análisis y la búsqueda de respuestas.

Un docente que promueva el cuestionamiento en todos los sentidos estará sembrando la semilla de la curiosidad y motivando el proceso natural de investigación que precede a la generación del conocimiento, mientras que un profesor que base su práctica en la crítica estará anulando cualquier rasgo de creatividad en los alumnos lo que será contraproducente en el proceso de generación de conocimientos.

Villalobos y De Cabrera (2009) comentan que la práctica reflexivaimplica asumir, de manera voluntaria y espontánea la responsabilidad para considerar acciones personales que contribuyan al mejoramiento profesional. Esto implica que el acto reflexivo no puede obligarse o imponerse sino que tiene que ser un acto elegido desde la libertad y el compromiso personal del docente, lo que sugiere que la reflexión y el nivel de conciencia van de la mano. Un profesor que se considera a sí mismo poseedor de la verdad y del conocimiento absoluto será un candidato muy limitado para la práctica reflexiva pues al no encontrarse presente la actitud básica de apertura será imposible llevar a cabo la auto observación necesaria.

La mayoría de los profesores han sido formados como maestros tradicionales, es decir, como meros transmisores de información; sin embargo, los cambios sociales y sobre todo los resultados del sistema educativo exigen un cambio en el paradigma docente. El maestro tradicional transmite conocimientos pero no los genera, impidiendo con ello que los alumnos desarrollen elementos cognitivos que los conviertan en personas más creativas e indagadoras. Para enseñar a volar a otros es necesario reconocer la existencia de las propias alas fortaleciéndolas para enseñar haciendo y modelar con congruencia lo que se pretende transmitir con palabras. Sin duda, todo un reto existencial para el docente.

La congruencia en el docente, es parte fundamental de una relación nutricia entre el maestro y sus alumnos. Un maestro congruente inspira seguridad y respeto,se convierte en un modelo a seguir que transmite siendo y haciendo. Probablemente la primera reflexión profunda de un profesor debería partir de la toma de conciencia de la trascendencia de su ser y del hacer como persona frente a un grupo humano.

La práctica reflexiva constituye un movimiento internacional que ha surgido como una contraposición a la función tradicional pasiva de los profesores exigiendo un papel más activo. Schön (1992) señala que la educación profesional deberá estar centrada en mejorar la habilidad del profesor para la reflexión en la acción; esto es que en la medida en que el maestro enseña está aprendiendo. Un camino de dos vías que enriquece tanto al receptor como al emisor en un intercambio de roles que rompe con la imagen del maestro tradicional al quitarle a éste el poder conferido como dueño absoluto del conocimiento. Enseñar al alumno a descubrir sus propios cómo y a explorar diferentes caminos lo capacita para vivir y éste es un aprendizaje invaluable.

Villalobos y De Cabrera (2009) apuntan que el objetivo explícito de la práctica reflexiva es el de lograr un conocimiento y una comprensión profunda que formará la base no sólo para considerar alternativas educativas, sino además para tomar acciones enfocadas a mejorar continuamente la ejecución docente. Es una realidad que la reflexión a cualquier nivel provoca ampliación de conciencia y si ésta se enfoca en la búsqueda de estrategias pedagógicas específicas los resultados serán no sólo alentadores sino profundamente esperanzadores al pensar en la posibilidad de generar alumnos y profesionistas que a través de su propia reflexión sean capaces de trascender su hacer con su ser en todas dimensiones.

La institución que fundé hace 22 años, la cual dirijo y en la cual trabajo, es un centro de desarrollo humano que se especializa en formar psicoterapeutas humanistas lo que implica, en sí mismo, todo un proceso de reflexión personal antes de poder acompañar a otros en el camino de la vida. El docente tiene frente a sí el reto de no sólo transmitir información y enseñar técnicas sino de entrenar al alumno en el arte del contacto consigo mismo y con los demás.

Es interesante pensar en una generación de profesores cuya formación esté encaminada hacia la práctica de la reflexión docente y muy probablemente sea una realidad en un futuro cercano.

En su investigación Sparks (1990) también hace hincapié en la importancia de promover el pensamiento pedagógico reflexivo en los maestros.
Si bien la práctica reflexiva en la docencia es un proceso personal, la realidad es que el impacto que ésta puede tener en una comunidad educativa es un punto a considerar, particularmente cuando de formar psicoterapeutas humanista se trata y se proponer llevar un control de los grupos desde una postura humanista de acompañamiento y guía.

Las dos áreas en las que considero requiero seguir trabajando es en mantener la congruencia personal para modelar lo que predico desde el enfoque gestáltico y continuar ejerciendo la práctica reflexiva durante mi ejercer como docente; la única vía viable para atender ambos aspectos es continuar con mi proceso personal de crecimiento, seguirme actualizando en mi psicoterapia personal como ser humano para poder ser capaz cada día de transmitir más y mejor la maravillosa experiencia de poder acompañar a un ser humano en su propio proceso de auto transformación.

Bibliografía
García, M. (2002). Los profesores como trabajadores del conocimiento. Certidumbres y desafíos para una formación a lo largo de la vida. Educar (30) 27-56

López-Vargas, B.G. y Basto Torrado, S.P. (2010). Desde las teorías implícitas a la docencia como práctica reflexiva. Educación y Educadores, 13(2), 275-291.

Pujolá, J y González, M. (2008). El uso del portafolio para la autoevaluación contínua del profesor. Marco ELE, jul-dic (007), 92-110

Schön, D. A. (1997). La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje de las profesiones. Barcelona: Paidós.

Sparks, G., Simmons, J., Pasch M., Colton, A. y Starko, (1991) A. Reflective
Pedagogical Thinking: How can we promote it and measure it?. Journal of
Teacher Education 41(4), 23-32. Doi10.1177/002248719004100504

Torres, M. (2010). La práctica reflexiva del docente como factor de cambio en la educación superior. En M. Flores Fahara y M. Torres Herrera (Ed.), La escuela como organización de conocimiento (pp. 187-208). México, D.F. México: Trillas

Villalobos, J y de Cabrera, C. (2009). Los docentes y su necesidad de ejercer una práctica reflexiva. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, enero-junio (14),139-166

Ocampo Pizano, Ma. Del Pilar Soledad. Análisis de la práctica y la formación docente. México: CEAAMER, 2017. 8 hojas.

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